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    Los Pulis

    La piel, reseca y agrietada, pedía a gritos un poco de agua. Los poros de su cuerpo hacía tiempo que estaban rellenos de mugre; las pestañas y el resto de pelo lucían aceitosos y el hedor que dejaba a su paso conseguía que nadie se le acercase, como mínimo, de forma voluntaria. Los Pulis, como llamaba a sus compañeros de viaje —piojos, pulgas y otros insectos que vivían en ella—, hacía tiempo que eran su única familia. Los mimaba a más no poder y ellos, a cambio, se encargaban de defenderla. Desde que vivía con ellos pocos se atrevían a molestarla y eso, quieras o no, era una gran suerte.…